martes, 9 de febrero de 2010



Desde un primer momento se sintió atraída; era magnetizante. Se había convertido en una obsesión. Pero debía atravesar una pared más dura que el concreto; alta como la vida; ancha como el mundo: los prejuicios.
Se sentaba al pie de la escalera todos los días a las ocho con veinte minutos, simulaba estar distraída, pero los ojos se le desviaban, la perseguían.
Había fracasado en un intento de suicidio. Huido de su casa repetitivas veces. Tenido amores frustrado. Relaciones prematuras. Cortado bruscamente su cabello y perforado su lengua.
Ya nada le daba tanto placer de sentarse en las escaleras y observarla. Se había hecho un hábito…
No podía asimilar su estado. Nunca sintió la suficiente fuerza para hablarle…le faltaba valor a su pobre corazón entusiasmado.